
Durante años se dijo que era peligrosa y hoy el péndulo parece moverse fuertemente hacia el otro lado. La Dra. Mara Gordon lo explica muy bien en una publicación reciente de NPR, y aquí lo adaptamos al español.

Adaptación en español · Basado en el reportaje de la Dra. Mara Gordon para NPR. Este texto es una adaptación al español de un artículo original de la Dra. Mara Gordon, publicado en NPR el 7 de agosto de 2026. Los datos, las opiniones clínicas y las declaraciones de las especialistas provienen de ese trabajo. El original en inglés está enlazado al final.
En el cuerpo femenino, dos hormonas tienden a bajar con la edad: el estrógeno y la progesterona. Cuando se habla de terapia hormonal para la menopausia, casi siempre se refiere a estrógeno solo, o a estrógeno combinado con un progestágeno, un término que abarca tanto la progesterona natural del cuerpo como las versiones sintéticas que la imitan.
Estos medicamentos vienen en muchas presentaciones: parches para la piel, pastillas, cremas y anillos vaginales. Puede ser sistémica, cuando las hormonas se absorben y actúan en todo el cuerpo, o local, como un estrógeno vaginal que actúa solo en la zona genital. Cada opción tiene riesgos y beneficios distintos, y la combinación adecuada depende de los síntomas de cada persona.
A veces se usa testosterona para tratar la disfunción sexual en mujeres, pero normalmente no se incluye dentro del término “terapia hormonal para la menopausia”.
Durante mucho tiempo, a los médicos se les enseñó que la terapia hormonal era peligrosa para la mujer. Esa idea viene de un gran estudio, el Women’s Health Initiative, que siguió a miles de mujeres de mediana edad que tomaron hormonas entre los años 90 y comienzos de los 2000. Los investigadores lo detuvieron antes de tiempo porque parecía mostrar un mayor riesgo de enfermedad cardíaca, cáncer de mama, accidente cerebrovascular y embolia pulmonar.
El efecto fue inmediato: las recetas cayeron en picado. Se calcula que en 1999-2000 alrededor del 22 % de las estadounidenses mayores de 40 años recibía terapia hormonal; para 2010, la cifra había bajado a cerca del 5 %.
Con los años, esos mismos datos se volvieron a analizar. Hoy hay un consenso creciente de que, para las mujeres que rondan los 45 a 59 años (finales de los 40 y los 50), la terapia hormonal es bastante más segura de lo que se creía. Cuando esa idea empezó a circular la demanda se disparó.
La razón principal para indicar terapia hormonal sistémica es tratar los síntomas vasomotores: los sofocos o “calores”. Se estima que hasta un 80 % de las mujeres los experimenta durante la transición a la menopausia, y pueden afectar mucho la calidad de vida: interrumpen el sueño, dificultan concentrarse en el trabajo y, para algunas, resultan tan molestos que evitan salir de casa.
Otros usos con respaldo:
Aquí conviene entender qué tiene fundamento sólido. La terapia hormonal puede cambiarle la vida a quien sufre sofocos, pero no es la fuente de la eterna juventud que prometen muchos influencers.
Las principales organizaciones médicas, entre ellas el USPSTF, el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) y la Sociedad de Menopausia, no recomiendan la terapia hormonal para la longevidad, para la salud del corazón ni para prevenir enfermedades crónicas, con la evidencia disponible hoy. Tampoco sirve para tener una piel o un cabello más jóvenes.
Dicho esto, sobre el corazón sí queda una duda legítima.
Es una pregunta que ahora mismo sigue sin respuesta.
Dra. Karen AdamsProfesora de obstetricia y ginecología en Stanford y directora de su programa de menopausia y envejecimiento saludable.
Adams explica que hay investigación prometedora: empezar la terapia antes de los 60 años o dentro de los 10 años posteriores a la menopausia podría ayudar a prevenir aterosclerosis, infartos y accidentes cerebrovasculares. Pero otros estudios, sobre todo cuando se empieza pasados los 60, no encuentran ningún beneficio cardiovascular, e incluso apuntan a un posible aumento del riesgo.
La conclusión de los investigadores es que usarla justo alrededor de la transición menopáusica, normalmente a comienzos de los 50, parece mucho más seguro que empezar más tarde en la vida. La forma de tomarla también importa: en general, el estrógeno en parche (transdérmico) tiene menos riesgo de coágulos que el que se toma en pastilla.
Por eso Adams receta terapia hormonal con bastante liberalidad a mujeres de finales de los 40 y los 50 con sofocos o sudores nocturnos, salvo que exista una razón médica clara para no hacerlo. Pero para cuidar el corazón se apoya en otras herramientas, controlar la presión arterial, medicamentos para el colesterol, alimentación y ejercicio, y no promete que las hormonas eviten un infarto, porque no existen datos que lo respalden.
Hay motivos claros para la cautela. Quien haya tenido cáncer de mama, coágulos, un infarto o un ictus debería conversarlo a fondo con su médico, porque la terapia hormonal puede empeorar esas condiciones o aumentar el riesgo de que reaparezcan.
En esos casos suele tener sentido probar primero opciones no hormonales. Algunos antidepresivos reducen la frecuencia e intensidad de los sofocos. Si no funcionan, existen otras alternativas, como la fezolinetant, un medicamento aprobado por la FDA en 2023. Y para cuidar los huesos sin hormonas, hay un clásico que sigue siendo de los más eficaces: el ejercicio con carga de peso.
Tener antecedentes familiares de cáncer de mama no descarta automáticamente la terapia, pero pide prudencia: conviene hacer una evaluación formal del riesgo y valorar pruebas genéticas para mutaciones de alto riesgo. Si aun así se decide usarla, las guías recomiendan la dosis mínima eficaz durante el menor tiempo posible.
Se trata de exponer los riesgos y los beneficios, y de dar a las personas conocimiento y autonomía para decidir.
Dra. Jessica PlattMédica de familia en Massachusetts, especializada en salud de la mujer y en atención de la menopausia.
Que la terapia hormonal sea más segura de lo que se pensaba en los 2000 no la convierte en un remedio universal. El riesgo, advierte Adams, es el contrario: que se venda como una fuente de juventud y que algunas mujeres terminen usando un tratamiento que les haga más mal que bien.
Puede mejorar muchísimo la calidad de vida, controlar los sofocos es motivo de alivio real, pero no arregla todo lo que promete internet, y no es para todo el mundo. La decisión debería nacer de una conversación entre médico y paciente que tenga en cuenta el historial, los síntomas y los valores de cada persona.
Quién firma el original
Dra. Mara Gordon. Médica de familia en Camden, Nueva Jersey. Escribe el boletín Your Doctor Friend. El artículo original en el que se basa este texto fue publicado por NPR; las declaraciones de las Dras. Karen Adams y Jessica Platt provienen de ese reportaje.
Aviso
Este contenido es informativo y no sustituye la consulta médica. Cada situación es distinta: antes de empezar, cambiar o suspender cualquier tratamiento hormonal, habla con tu médica o médico.
Fuente original (en inglés): artículo de la Dra. Mara Gordon, NPR, 7 de agosto de 2026. Leer el reportaje en NPR. Adaptación al español con fines informativos, con crédito a la autora y a la publicación original.
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