
La menopausia me impuso una pausa, pero yo quería todo menos una pausa.

Pensar en el contexto del vértigo de la vida en las ciudades, del endiosamiento de la juventud y las propagandas de analgésicos que te dicen que cuando crees que no podés más, podés, es un desafío. La pausa de 5 minutos para tomarse un té viene de la prehistoria, fue uno de los avisos de la aceleración que se avecinaba.
La información está allí y es presentada con diferentes enfoques, la menopausia ha salido del closet y están quienes la combaten y quienes la aceptan.
Mientras me llegaban las avalanchas de raw data no terminaba de entender lo que el algoritmo me estaba queriendo decir: era inminente, tenía 50 años, yo era el target. Pero jamás, jamás había contemplado que el momento llegaría. Entonces, de un día para el otro me dejó de venir la menstruación y me impuso una pausa, pero yo quería todo menos una pausa.
La menopausia va contra la cultura; era el anuncio del fin en el pasado, el momento de retirarse y hacer mutis por el foro. Con el tiempo por delante, hoy es un nuevo modo de salir a escena. El reloj biológico no se frena, le queda cuerda para rato, pero la experiencia subjetiva del tiempo sufre un golpe del que es mejor no salir sola. Entre el tabú y la exposición desmedida, es necesario que encontremos espacios para hacer un uso inteligente de la información, que nos permitan tener incidencia en los procesos y ahora sí, tomarnos una pausa, hacernos un té y contribuir al cambio de paradigma que implica pasar por la menopausia hoy.
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